¿Qué
es el hombre?
Primeramente,
el hombre es un ser histórico, no solo porque su vida transcurre en el tiempo
–nace, crece y muere- sino fundamentalmente porque vive concientemente el
tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Que el hombre le da al tiempo una carga
cualitativa, no es un mero transcurrir, sino que lo vive como propio. Es su
tiempo, es el tiempo de su generación. De esta forma, habitamos el tiempo
haciéndonos cargo de él, cuando nos referimos a nuestra biografía-historia
hablamos de realidades significativas –tanto placenteras como dolorosas-. Es
nuestro tiempo, es nuestra historia.
Simultáneamente, somos seres
esencialmente sociales. Nos gestamos en otra persona, somos recibidos y
nombrados por otros. En estos tiempos iniciales de nuestra vida dependemos
totalmente del cuidado, cariño y sostén de otras personas, que ellas sean
significativas para nosotros –que vivan intensamente su vínculo- no solo es
fundamental para sobrevivir sino para sostener nuestra apertura a la realidad y
en ella hacernos cada vez más humanos. Del mismo modo que el agua que al
estancarse se pudre, los seres humanos enfermamos cuando no establecemos buenos
vínculos con los demás y con la realidad. Porque le hombre se hace –o no- a lo
largo de su vida. De la total dependencia que tenemos de los demás al nacer,
crecemos hacia mayor autonomía en nuestras acciones, pensamientos, sentimientos
y decisiones. Este pasaje no es automático sino que es singular –se va
verificando en la experiencia de cada uno- y, en la medida en que crecemos, es
más conciente y voluntaria la toma de posición que asumimos. Este crecimiento
no es un proceso simplemente biológico, ni cronológico. Es una experiencia que
nos involucra como personas en nuestra totalidad y que nos exige asumir lo que
somos y lo que nos pasa para poder, de esta manera, transformarlo. Algo de esto
significa ser libre, poder ser uno mismo –lo más que se pueda- sosteniéndolo en
apertura y relación con los demás.
Si bien, el proceso de identificación
–saber quién soy- es más intenso durante los primeros años, permanece abierto
toda la vida. En cada situación ponemos en juego quienes somos, algunas
circunstancias nos desafían más que otras, pero siempre –y con la ayuda u
oposición de los demás- vamos redefiniendo quiénes somos, hacia dónde queremos
ir. Vivimos nuestro proceso identificatorio a través de posturas concientes y
flujos inconcientes.
El desafío que nos presenta construir
nuestra identidad es una tarea que emprendemos sostenidos por aquellos que nos
recibieron y amaron desde que nacimos y que nos permitieron desarrollar la
capacidad para amar a otros. También, esta experiencia está animada por
aquellos que confiaron en nosotros y que han posibilitado que pongamos en juego
nuestras capacidades para alcanzar lo que deseamos, demostrando en esta acción
que no existe nada que nos pueda determinar por completo.
Por último, el lenguaje es otro de los
elementos vitales a través del cual nos hacemos seres humanos. El lenguaje es
portador de cultura, la recibimos en el contacto con las otras personas con las
que compartimos las diferentes etapas de la vida. El lenguaje nos permite poner
en palabras lo que queremos, sentimos y pensamos. En definitiva, lo que somos y
de esta manera realizarlo en nuestra biografía, en la historia.
Conclusión
Quisiera rescatar tres líneas
argumentales de la película para enriquecer lo que escribí en la introducción.
La primera es la búsqueda de Lili –una
de las protagonistas-. Ella necesita recuperar parte de su biografía para saber
quién es. Necesita saber –tener certeza existencial- sobre la historia de su
mamá y, sobre todo, cuál era el vínculo que tenía con ella. La duda que tenía
sobre el amor de su mamá y la culpa que sentía por el desgraciado
acontecimiento en el que ella murió la llevaron a desafiar la violencia de su
padre y a ir más allá de las limitaciones que se presentaban casi como
infranqueables para ella. De esta forma desafía los prejuicios raciales
–dominantes en su tiempo- y abandona la
casa paterna para salir a buscar lo que no sabe de su historia.
En segundo término quiero resaltar el
camino de su búsqueda. Para transitarlo la película nos muestra que necesitamos
ser acompañados de dos formas diferentes. La primera forma es la que encarnan
aquellos que caminan con nosotros. Rosaline camina con ella sin saber bien
hacia dónde van, pero está con ella, la contiene y acompaña. Sin ella, Lili no
habría podido salir al camino –o por lo menos se le hubiera hecho mucho más
difícil-. La otra presencia importante es la de Agosto. Ella recibe a Lili, la
escucha, la acompaña, le enseña no solo el oficio de la apicultura sino, sobre
todo, a conocerse más a sí misma. También, la sabe esperar y está ahí en el
momento indicado para escuchar sus preguntas, da su opinión y sabe esperarla
cuando Lili lo necesita. Cuando ella toma decisiones y tiene que enfrentar las
consecuencias está allí para apoyarla pero no la suple. Para caminar en la
vida, para animarnos a realizar lo que deseamos necesitamos siempre de
compañeros de camino y de maestros de vida. También nosotros somos compañeros
de camino y maestros de vida para otros.
Por último, quisiera rescatar la
compresión como elemento clave para construir nuestra vida. Comprender que no
existe el amor perfecto es lo que abre la puerta par que Lili pueda perdonarse
a sí misma y seguir adelante. Como muestra la película esto no es algo que
hagamos de una vez y para siempre. En nuestra vida, muchas veces los
sentimientos, la culpa retorna y la comprensión hacia nosotros y hacia los
demás es clave para volver a empezar, porque el recorrido de nuestra vida en el
que vamos realizando quienes somos –junto con otros- no es lineal, sino que se
hace en avances y retrocesos. Por eso, la esperanza juega un papel fundamental
ya que es la que nos motiva cuando retrocedemos y cuando los límites que se nos
presentan parecen infranqueables. Nunca lo son.