viernes, 22 de agosto de 2014

¿Qué es el hombre?

¿Qué es el hombre?
         Primeramente, el hombre es un ser histórico, no solo porque su vida transcurre en el tiempo –nace, crece y muere- sino fundamentalmente porque vive concientemente el tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Que el hombre le da al tiempo una carga cualitativa, no es un mero transcurrir, sino que lo vive como propio. Es su tiempo, es el tiempo de su generación. De esta forma, habitamos el tiempo haciéndonos cargo de él, cuando nos referimos a nuestra biografía-historia hablamos de realidades significativas –tanto placenteras como dolorosas-. Es nuestro tiempo, es nuestra historia.
         Simultáneamente, somos seres esencialmente sociales. Nos gestamos en otra persona, somos recibidos y nombrados por otros. En estos tiempos iniciales de nuestra vida dependemos totalmente del cuidado, cariño y sostén de otras personas, que ellas sean significativas para nosotros –que vivan intensamente su vínculo- no solo es fundamental para sobrevivir sino para sostener nuestra apertura a la realidad y en ella hacernos cada vez más humanos. Del mismo modo que el agua que al estancarse se pudre, los seres humanos enfermamos cuando no establecemos buenos vínculos con los demás y con la realidad. Porque le hombre se hace –o no- a lo largo de su vida. De la total dependencia que tenemos de los demás al nacer, crecemos hacia mayor autonomía en nuestras acciones, pensamientos, sentimientos y decisiones. Este pasaje no es automático sino que es singular –se va verificando en la experiencia de cada uno- y, en la medida en que crecemos, es más conciente y voluntaria la toma de posición que asumimos. Este crecimiento no es un proceso simplemente biológico, ni cronológico. Es una experiencia que nos involucra como personas en nuestra totalidad y que nos exige asumir lo que somos y lo que nos pasa para poder, de esta manera, transformarlo. Algo de esto significa ser libre, poder ser uno mismo –lo más que se pueda- sosteniéndolo en apertura y relación con los demás.
         Si bien, el proceso de identificación –saber quién soy- es más intenso durante los primeros años, permanece abierto toda la vida. En cada situación ponemos en juego quienes somos, algunas circunstancias nos desafían más que otras, pero siempre –y con la ayuda u oposición de los demás- vamos redefiniendo quiénes somos, hacia dónde queremos ir. Vivimos nuestro proceso identificatorio a través de posturas concientes y flujos inconcientes.
         El desafío que nos presenta construir nuestra identidad es una tarea que emprendemos sostenidos por aquellos que nos recibieron y amaron desde que nacimos y que nos permitieron desarrollar la capacidad para amar a otros. También, esta experiencia está animada por aquellos que confiaron en nosotros y que han posibilitado que pongamos en juego nuestras capacidades para alcanzar lo que deseamos, demostrando en esta acción que no existe nada que nos pueda determinar por completo.
         Por último, el lenguaje es otro de los elementos vitales a través del cual nos hacemos seres humanos. El lenguaje es portador de cultura, la recibimos en el contacto con las otras personas con las que compartimos las diferentes etapas de la vida. El lenguaje nos permite poner en palabras lo que queremos, sentimos y pensamos. En definitiva, lo que somos y de esta manera realizarlo en nuestra biografía, en la historia.


Conclusión
         Quisiera rescatar tres líneas argumentales de la película para enriquecer lo que escribí en la introducción.
         La primera es la búsqueda de Lili –una de las protagonistas-. Ella necesita recuperar parte de su biografía para saber quién es. Necesita saber –tener certeza existencial- sobre la historia de su mamá y, sobre todo, cuál era el vínculo que tenía con ella. La duda que tenía sobre el amor de su mamá y la culpa que sentía por el desgraciado acontecimiento en el que ella murió la llevaron a desafiar la violencia de su padre y a ir más allá de las limitaciones que se presentaban casi como infranqueables para ella. De esta forma desafía los prejuicios raciales –dominantes en su tiempo-  y abandona la casa paterna para salir a buscar lo que no sabe de su historia.
         En segundo término quiero resaltar el camino de su búsqueda. Para transitarlo la película nos muestra que necesitamos ser acompañados de dos formas diferentes. La primera forma es la que encarnan aquellos que caminan con nosotros. Rosaline camina con ella sin saber bien hacia dónde van, pero está con ella, la contiene y acompaña. Sin ella, Lili no habría podido salir al camino –o por lo menos se le hubiera hecho mucho más difícil-. La otra presencia importante es la de Agosto. Ella recibe a Lili, la escucha, la acompaña, le enseña no solo el oficio de la apicultura sino, sobre todo, a conocerse más a sí misma. También, la sabe esperar y está ahí en el momento indicado para escuchar sus preguntas, da su opinión y sabe esperarla cuando Lili lo necesita. Cuando ella toma decisiones y tiene que enfrentar las consecuencias está allí para apoyarla pero no la suple. Para caminar en la vida, para animarnos a realizar lo que deseamos necesitamos siempre de compañeros de camino y de maestros de vida. También nosotros somos compañeros de camino y maestros de vida para otros.

         Por último, quisiera rescatar la compresión como elemento clave para construir nuestra vida. Comprender que no existe el amor perfecto es lo que abre la puerta par que Lili pueda perdonarse a sí misma y seguir adelante. Como muestra la película esto no es algo que hagamos de una vez y para siempre. En nuestra vida, muchas veces los sentimientos, la culpa retorna y la comprensión hacia nosotros y hacia los demás es clave para volver a empezar, porque el recorrido de nuestra vida en el que vamos realizando quienes somos –junto con otros- no es lineal, sino que se hace en avances y retrocesos. Por eso, la esperanza juega un papel fundamental ya que es la que nos motiva cuando retrocedemos y cuando los límites que se nos presentan parecen infranqueables. Nunca lo son.